Google

27 abril 2005

De libro a blog 

Comentamos ya hace bastante tiempo que la carrera de un libro no acaba con la publicación del mismo y su estancia en las estanterías de una librería, sino que la blogosfera le había dado la opción a los autores a prolongar la vida del mismo en contacto con sus lectores (lo cual a la larga sólo traerá beneficios e ideas y seguramente un nuevo proyecto) Así, Jaime Miranda el autor de No he venido aquí a hacer amigos ha abierto su propio blog para prolongar la vida del mismo. Está recien llegado, pero la verdad es que uno está esperando a que se meta en harina con todo lo que dice en su libro.

¿Lo importante? Que ya hay algún escritor que mira al futuro, y los blogs entran en sus planes.

[Vía Algo que hacer]

|

MIT Open Course Ware 

Es la quinta esencia de la información y el conocimiento compartido... de una sociedad que gracias a proyectos como MIT Open Course Ware estará más preparada para innovar, para, en definitiva, ser más abierta, más libre... sin puertas y accesible al talento.

Estos sí son proyectos que a uno le gusta recomendar.

[Vía Nodos en la red]

|

23 abril 2005

Repaso a la historia de los blogs 

El artículo de portada de la revista Business Week para el 2 de mayo tiene como cover story un artículo en exclusiva dedicado a la blogosfera: 'Blogs will change your business'. Es un amplio repaso a la historia de los blogs en forma de diario. Y el artículo ha tenido su fruto, Blogspotting. Nuevo blog de Business Week que hablará sobre los blogs. Muy interesante que una revista con tanto seguimiento dedique su artículo de portada al fenómeno. Dará que hablar.

[Vía Slashdot]

|

17 abril 2005

SportsBlogs, Daily Kos lanza blogs de deportes 

Markos Moulitsas Zúniga tiene uno de los blogs más seguidos, Daily Kos. Como los deportes es la otra de sus pasiones secretas, a parte de la política, se ha decidido a crear un imperio en Internet con los deportes como tema central, en este caso baseball. El proyecto lleva por nombre SportsBlogs, y de momento lo forman 12 blogs, que han encontrado su propia voz para hablar de un equipo determinado. Otro blogger influyente que ve negocio en la blogosfera. Y promete cubrir todo el universo deportivo.

En España, tenemos Notas de fútbol, de la factoría Weblogs SL, con el mundo del deporte rey como objetivo. Y el abanico de posibilidades que este blog tiene es enorme, porque cada equipo de fútbol en España tiene su propio público y ya sabemos que tanto el Real Madrid como el FC Barcelona son dos de las marcas mundiales más reconocidas.

Pero al final termino regresando a lo de siempre, ¿cómo no se dan cuenta las mentes pensantes de las directivas de los equipos de fútbol para ver la enorme cantidad de posibilidades que este mundo abre? Y eso que los medios tradicionales ya están entrando por el aro.

Con lo que me apasiona el mundo de los deportes, me da pie para alguna que otra idea, así como darle aquí cabida a este tema en este blog. ¿No sé que pensará atach? De todas formas, ¿sabeis de algún blog sobre deportes en general?

Por cierto, los blogs de baseball son de los que se deben leer. Incluso alguno tocando el mundo de los negocios: Business of Baseball.

[Vía Wired]

|

Móviles: iPod Killers? 

Muy interesante artículo de Business Week, iPod killers?, preguntándose cuáles van a ser los aparatos que en un futuro muy próximo van a minar el negocio de Apple en la música... los móviles. Si ya están haciendo estragos a las empresas de cámaras fotográficas, que no van a hacer a los fabricantes de reproductores de música digital. El run run está en el aire y es que para el que se contenta con tener "sólo" 200 canciones grabadas en su reproductor, el móvil le cubre esa necesidad. Conviene echarle un vistazo al artículo.

|

Blogs y caja 

Más leña al tema de los blogs y ganar dinero con ello. Yo entiendo perfectamente que si hay gente que le dedica bastante tiempo a postear que vean la posibilidad de ganar unos durillos (ya quisiera un servidor manejar esas cifras). No obstante, curioso que la Tejedora haya sacado el tema. ¿Por qué será?

|

07 abril 2005

Woody (y V) 

-Comprendo que estés confuso -dije tratando de guiar a Lucas por el laberíntico entramado de la narración-, pero por raro que parezca es el inicio. Después se extendió en pequeños detalles que me los reservo, no obstante me expuso claramente que necesitaba ver su imagen para ponerse a tono: ‘Sin Woody Allen no disfruto. Es más ni me inmuto.’
>>Yo no reaccionaba ante lo que mis oídos estaban oyendo. ¿Qué enredo me estaba contando? ¿Podía alguien con algo de inteligencia creerse semejante embuste? No debía dudarlo porque en cierto modo yo había vivido una experiencia parecida. Analizaba la situación mientras continué escuchándola: ‘Convencí a Stewart para que se hiciese con una videoteca completa de Woody, para mí ya era como alguien familiar, puesto que con Manhattan no tenía suficiente.’
>>‘Valía cualquier modelo suyo para sentir el apetito sexual’, me explicaba. Imitando y vistiéndose como Humphrey Bogart en Casablanca para conquistar a las mujeres en “Sueños de un seductor”, sobre todo cuando terminaba seduciendo de nuevo a Diane Keaton; o disfrazado de un espermatozoide angustiado por conocer en cual tipo de eyaculación saldría en “Todo lo que usted quiso saber acerca del sexo y no se atrevió a preguntar”; o la imagen que más la excitaba: vestido con esmoquin y caricaturizado como un robot, con toda la cara pintada de blanco, un cuenco en la cabeza, orejeras, sus gafas negras y un mando para regular su nivel de domesticación, que colocando a Stewart de espaldas a la televisión admiraba mientras pensaba que era Woody Allen quien la amaba.
>>-Con ese primer plano de “El dormilón” alcanzaba los mejores orgasmos -decía.
>>Eso era lo que le sucedía con las películas de la primera época de Woody Allen, las que precedieron a Manhattan. Con las películas siguientes, las que podríamos denominar de la segunda época, como por ejemplo “Hannah y sus hermanas”, “Delitos y faltas”, “Maridos y mujeres” o “Poderosa Afrodita”, le bastaba con que entre los protagonistas hubiera cierta atracción, o que engañasen a sus parejas en la ficción con otro actor, o que simplemente el diálogo discurriera por temas relativos al sexo para que ella estuviera dispuesta a todo. Y siempre lo estaba.
>>Luego, para conseguir una mayor verosimilitud y puesto que el original no estaba al alcance de su mano, se conformó con ir transformando poco a poco a Stewart. Le compró unas gafas negras con la misma montura que las que usaba Woody Allen, le hizo despeinarse igual que él, le cambio el ropero y le convenció para que se vistiera con unas camisas y jerseys parecidos a los que él utilizaba, le obligó a que aprendiera a tocar el clarinete, que estuviera continuamente obsesionado con temas como la religión, la muerte y el sexo, e incluso, que tratase siempre de inventarse historias donde entrelazara el amor de una joven protagonista y las influencias literarias de un hombre mayor. Con el tiempo, Stewart terminó por apuntarse a unas sesiones con un psicoanalista, aunque esto lo hizo por su cuenta.
>>Evidentemente él ya no lo pudo soportar más y aconsejado por el psicoanalista rompió con ella. Fíjate si estaría obsesionado que además de llevarla a una heladería, como sucede en Manhattan, hasta empleó y recitó a Woody Allen en esa escena para dejarla, como si el círculo se hubiera cerrado y en una vuelta a los orígenes de la locura: “Creo que no deberíamos seguir viéndonos. Porque pienso que estas demasiado enrollada conmigo, ¿sabes? Enrollada conmigo…” Aunque Allison sufrió bastante lo perdonó porque se había molestado en satisfacerla en ese triste momento.
-Esto me está pareciendo excesivo -dijo Lucas.
-Pensé lo mismo -dije-. Allison debió de imaginarse que lo pensaría porque sacó de su bolso una foto y me la enseñó.- Cogí mi cartera y comencé a buscar la fotografía.- Y no te lo vas a creer. Era la viva imagen de Woody Allen. Parecía su hermano gemelo. Mírala aquí la tienes. ¿A qué es increíble?
-No tengo casi palabras para expresarlo -añadió-. Es sorprendente.
-A la vez que Allison me mostró la fotografía -continué-, agarró mi mano y se insinúo: ‘Deberíamos liarnos otra vez. Ser amantes.’ Quería ponerme la miel en los labios, incitarme a caer nuevamente en sus brazos y convertirme en su marioneta. Rechacé su insinuación porque no estaba dispuesto a transformarme en otro doble de Woody Allen.
-Es todo tan extraño, tan enrevesado, que merece ser digno de estudio.
-Sí, y lo más inverosímil, rayando casi el masoquismo, es como sus caminos se volvieron a cruzar uniendo de nuevo sus vidas. Sin embargo, tengo la sensación de que ella nunca va a olvidar que la dejase.
Hice una pausa, y una sonrisa malévola se extendió por toda mi cara. Por la expresión y el resplandor de los ojos de Lucas se me ocurrió pensar que él no se había creído la historia, que me la había inventado, una excusa para demostrarle que había olvidado a su hermana.
-Te he contado la historia, por imposible que parezca, de la manera como ocurrió -dije.
-Vale, si yo te creo. Ahora entiendo tu actitud, pero reconozco que era un pastel muy apetitoso. Una tentación para cometer todos los pecados y perversiones inimaginables. Lo que no sé es si al final yo hubiera terminado adoptando tu decisión.
-La decisión fue muy fácil de adoptar -dije-. Con Woody o sin Woody, la relación no creo que hubiera funcionado porque, cuando a las pocas semanas lo hubiésemos vuelto a dejar, habría terminado corriendo por la calle buscando a Susana.


|

06 abril 2005

Woody (IV) 

-¿Es cierto todo lo que me estás contando? -preguntó Lucas, alucinado con la erótica aventura.
-No creo que tenga motivos ni para engañarte ni para tomarte el pelo- contesté-. Si hay confianza a un amigo se le debe contar todo.
-¿Nunca la volviste a ver?
-Un mes más tarde me encontré con ella en el metro. Tomamos un café y hablamos de todo lo que habíamos hecho en ese tiempo. Durante la conversación, aunque no creo que lo hiciera sin darse cuenta, su intención era ponerme celoso, llegó a decirme que había vuelto a hacer las paces con su antiguo novio y pensaban mudarse a otra casa para vivir juntos -dije con la mayor naturalidad posible.
-¿Averiguaste por qué actuó de esa manera contigo en el cine?
-Por supuesto. No podía irme de allí sin saber por qué había actuado así. Entendía que me debía una explicación. Y eso fue lo que hizo, explicarme una historia que al final pensarás es de ciencia ficción.- Tomé un respiro y continué con el relato.- Verás, su ex-novio y actual compañero sentimental como te he contado, por cierto se llama Allen Stewart, curiosa coincidencia, trabaja como corrector de diálogos y como creador de series cómicas para televisión, y es, según sus palabras, un reconocido cinéfilo. Supongo que seguirá coleccionando películas y montones de objetos relacionados con sus actores y directores favoritos, aunque como comprenderás es algo que ni me importa. Bien, Allison mantenía con él una relación que me definió como muy bonita, donde el sexo ocupaba su lugar adecuado. Una noche aburrida de tanto esperarle, como habrás supuesto ya vivían juntos anteriormente, cogió la primera cinta de vídeo que encontró en la repisa y se puso a verla.
-¿Era de Woody Allen? -me interrumpió Lucas.
-Correcto. Pero no era Annie Hall como en un principio puedas pensar, sino otra película, Manhattan. La secuencia que más la entusiasmaba, no la que resultaría ser la clave y el origen de los delirantes sucesos posteriores, era la de Woody Allen corriendo por las calles de Nueva York, al son de las melodías de George Gerswhin, con la angustia de no saber si va a llegar antes de que Mariel Hemingway salga de viaje, y pedirla por favor que no se marchara porque se había dado cuenta de que la amaba (escena repetida y copiada en otras películas). A Allison le gustaba tanto esta escena porque la emocionaba pensar como sin una persona determinada, con el tiempo y cuando ya no estaba a tu lado, nos podíamos dar cuenta de que nuestra vida podía perder todo su sentido y estar vacía. En el fondo es una romántica. Ahora imagínate a Allison sentada en el sofá viendo Manhattan. Al principio los personajes de Woody Allen y Diane Keaton no se soportan, como creo que no la has visto continúo, luego coinciden en el Museo de Arte Moderno durante la inauguración de una exposición, congenian y acaban la noche sentados en un banco viendo amanecer junto al puente de la calle 59. Empiezas a percibir que entre ellos puede surgir algo. Por cierto, la imagen y la vista del puente con un poco de niebla es preciosa.

-No quiero contarte la película -dije moviendo las manos y cambiando de posición en la silla-. Estoy ignorando al resto de los personajes porque en lo que quiero hacerte hincapié no son importantes. En esta parte llega Stewart, justo cuando se levantan del banco.
>>-¿Qué estás viendo? -preguntó él.
>>-Manhattan -respondió ella-. Llevará aproximadamente media hora.
>>-¿Sabes?, es una de mis películas favoritas y ésta es posiblemente la parte que más me guste -dijo Stewart.
>>Regreso a la película. Mary, el personaje de Diane Keaton, está liada con Yale, el mejor amigo de Isaac, Woody Allen, que está casado. Pues bien, Mary discute con él y busca consuelo en Isaac. Una tarde quedan en Central Park, y mientras están paseando cerca del lago empieza a llover. Chorreando de agua se refugian en el Planetario. Hablan sin parar de sus vidas, de sus problemas al tiempo que van recorriendo las distintas galerías. Notas que entre Diane y Woody hay química, que sin saberlo se empiezan a sentir atraídos .
>>Aquí viene la parte principal de la historia, y utilizaré las mismas palabras empleadas por Allison para contármelo: ‘Estábamos juntos viendo la película. Sentados y abrazados. Muy cariñosos. Sólo la luz del televisor iluminaba la habitación. Me encontraba tan a gusto que comencé a sentir un hormigueo por el vientre. Eduardo, ¡me estaba excitando! Pero no podía imaginar que la película fuera la causante. Sin escenas de sexo era incapaz entenderlo. Aunque en ese momento deseaba hacer el amor me aguanté. Duré poco. Al segundo aparecen Mary e Isaac en una cocina, ¿recuerdas esa escena?, sí, están comentando que el sandwich no es comestible y de repente, en un genial desarrollo de la acción, Isaac la dice que se acerque y le planta un beso en la boca. Ya no pude aguantarme más. Me abalancé sobre Stewart y le besé. Le dije que hiciésemos el amor ahora, que no podía esperar, que estaba ardiendo, y que si sabía el diálogo me lo recitara. Paró la película en un primer plano de Woody Allen y me desnudó mientras decía los diálogos. Estaba disfrutando como nunca en mi vida, ahogada de placer y siempre mirando al televisor, cuando me dijo al oído entre jadeos: “Estabas empapada por la lluvia y sentí unos deseos locos de tirarte a la superficie lunar y cometer una perversión interestelar contigo.” Tuve un orgasmo antológico. A la noche siguiente repetimos y volvió a suceder lo mismo en la misma escena, con el mismo primer plano de Woody Allen en la pantalla.’


|

Capitalismo open source 

Ya tenemos aquí el 'capitalismo open source'. Para rejuvener los modelos ecónomicos y el mundo de los negocios, tal y como lo entendemos hoy. Y algunos seguirán sin darse cuenta de que esto es la evolución.

|

05 abril 2005

Un poco de vista 

Las aerolíneas de bajo coste son innovación. Jet Blue, es el nombre de la empresa que está ahora en boga, en parte porque es la aerolínea mejor valorada por todos los pasajeros. Y esto tiene su punto de partida a lo que observó David Neeleman, CEO y fundador de Jet Blue, en las favelas de las ciudades brasileñas: a tratar a todos sus clientes por igual y sin diferencias (sólo hay un tipo de asiento en sus aviones). Algo que también traslada al trato hacia sus empleados. En esta empresa sí valoran a sus empleados como un activo. ¿Y esto que implica? Unos clientes satisfechos.

[Vía Noise Between Stations]

|

03 abril 2005

Woody (III) 

Cómo llegué a eso con Allison, empecé a explicarle, nunca lo supe. El caso, y es algo de lo cual nunca me he arrepentido, es que practiqué con ella todo el sexo que jamás pude imaginar.
En una fiesta del American Institute la conocí. Pelo moreno, estatura media, mulata y con la belleza propia de estas mujeres. No recordaba quién me la había presentado, ni en que idioma hablamos, aunque en días posteriores practiqué un español fluido y otros idiomas que no conocía. A las dos horas de conversación me confesó que debía marcharse, y que si quería podía acompañarla. Así, después de una noche de gran juerga, terminamos en su piso. Al principio tenía mis reparos, puedo jurar que subí con buenas intenciones, pero cuando la vi desnudarse al ritmo del Born in the USA, lo patrióticos que llegan a ser los norteamericanos, y follarme, porque para que engañarme eso fue lo que hizo, con el Sexy mother fucker sonando de fondo, fue para mí como elevarme a los altares, como si de repente se hubiesen visto cumplidas una gran parte de mis fantasías sexuales, aunque éstas jamás habrían incluido a Prince.
Desde el inicio, yo lo pensaba y creo que ella también, sabíamos que nunca nos enamoraríamos (recientemente habíamos salido de sendos desengaños amorosos), que nuestra atracción podría resumirse a un plano meramente físico, aunque más bien era necesidad del uno por el otro. Si es así como se puede decir. Disfrutar cada instante, a todas horas y sin parar, sin importar lo que en ese preciso momento estuviéramos haciendo. Eramos como un estudiante aplicado y deseoso de conocimientos y su profesora particular enseñándole la correspondiente lección.
Todavía creía que con el tiempo nos terminaríamos conociendo mejor, que a pesar de nuestras iniciales sensaciones teníamos que descubrir si podíamos conseguir modificar esos sentimientos. Pero lo que mejor conocí de Allison, y si recapacito un poco lo único, fue su cuerpo. Nunca olvidaré ni el contorno ni la forma de sus senos, ni el pequeño encanto de sus pezones, ni su coño y lo que podía llegar hacer con él, ni su boca, ni su lengua, ni el lunar estratégicamente colocado a la altura de su ombligo, ni todo el ardor de su ser en conjunto.
Hubo una semana que no paré de pensar en ella. Necesitaba sentir sus originales caricias y sus caprichosos besos, percibir cada bocanada de aire contenida en su aliento al lado de mi oído, el olor de su aroma contaminando cada poro de mi organismo, darme continuos revolcones entre las sábanas de su cama. Era tal mi ansiedad que incluso comenté mi problema a Lucas y él me aconsejó que me aprovechara mientras pudiera. Y eso fue lo que hice: aprovechar el momento. Carpe diem.
A mi macho hispánico, era como me llamaba en los instantes más apasionados, le hacía alguna cena en su apartamento, quería practicar y mejorar sus recientes conocimientos de cocina española, y lo bañaba de vez en cuando (la de cosas que se llegan a hacer en una bañera), en fin, no había motivos para quejarme y, a pesar de ello, a las dos semanas de hacer siempre lo mismo terminé por cansarme, pero, aquí estuvo mi error, no fui capaz de dejarla.

La última semana que estuvimos juntos ocurrió el incidente de Woody. Ella vivía en un piso de la calle Martín de los Heros, muy cerca de los cines Alphaville y Renoir (con unas carteleras muy bien elaboradas y todo tipo de propuestas para sus numerosos y asiduos visitantes), que por su proximidad visitaba con frecuencia para distraerse.
Una noche decidimos ir al cine en sesión de madrugada. A Allison le encanta Woody Allen y coincidió que reponían Annie Hall. Compramos las entradas y, porque la apeteció, nos sentamos en un rincón de la última fila. Ni por lo más remoto podía imaginar lo que después iba a pasar. Desde el comienzo de la película, y en el mismo instante en que apareció Woody Allen en pantalla, Allison se mostró muy cariñosa e inició su acoso en un ritual muy bien estudiado. Primero, en ese instante comprendí por qué llevaba minifalda, por rapidez y comodidad, y por qué nos sentamos al final de la sala, se quitó las bragas, me desabrochó la bragueta, sacó un preservativo del bolsillo de mi cazadora, y en la escena donde Annie intenta convencer a Alvy para que se fumen un porro, alucinar y tener nuevas experiencias sexuales, no recuerdo más de la secuencia, porque Allison, o era Annie, se colocó encima mío y empezó a hacérmelo.
Estaba asustado, sorprendido y, por supuesto, completamente avergonzado. ¡Alguien podría vernos! A ella no parecía importarle nada ya que seguía con sus movimientos, sube y baja, y con sus manos frotaba mi cabello e introducía su lengua en mi oreja, y cuando me disponía a seguirle el juego me susurró al oído: ‘Así Woody. Sigue. Como me gusta. Sí, sí, sííí.’ Se suponía que estaba jodiendo conmigo y en cambio ella con quien verdaderamente creía que lo estaba haciendo era con Woody Allen. Me sentí manipulado. ¿Qué clase de broma era? ¿Cómo un tipo calvo, con esa cara y esas gafas y, además, enclenque podía ponerla tan cachonda? Ya comprendía sus palabras sobre que el atractivo de un hombre residía en su inteligencia.
Por venganza pensé que no era Allison quien se suponía estaba allí conmigo sino Susana. El pecho que tocaba, el cuello que mordía y la cintura que acariciaba eran las suyas, y, por primera vez desde que me acostaba con Allison, hicimos el amor.

No recuerdo el tiempo que estuve con la americana botando sobre la butaca, pero si que me sentía como el protagonista de una película porno, ella la actriz estrella y el resto del público en el cine los espectadores de la exhibición. Antes de que la sala fuera iluminada, de eso sí me acuerdo, se colocó en su asiento y se vistió. No hubo palabras, tampoco reprimendas ni malos gestos, y sí una sensación de que nuestra relación había terminado. Lo que acababa de suceder y el efecto Woody fueron la excusa.


|

01 abril 2005

Woody (II) 

Conocí a Lucas a través de su hermana Susana, cuando salía con ella (ahora sólo nos une una gran amistad ¿Por qué trato de engañarme?), y se puede decir que con el tiempo nos hicimos inseparables.
Recuerdo ese día, hace más de tres años que nos conocemos, como si hubiera ocurrido ayer mismo:

-Mira, Eduardo, éste es mi hermano Lucas -dijo Susana y, acto seguido, nos dimos la mano. Ya cuando nos vemos nos abrazamos.
-Vaya, tienes nombre de evangelista -comenté.
-Peor hubiera sido llamarme Judas -respondió Lucas.
Los tres sonreímos, fue una sonrisa sincera.
La historia de su nombre es, cuando menos, curiosa. Sus padres, personas muy religiosas, habían decidido, antes de que naciesen, tener cuatro hijos varones para poder ponerles los nombres de los cuatro evangelistas. El Nuevo Testamento era por aquella época el libro de cama de su padre. Al primer hijo le pusieron por nombre Juan y al segundo, que era él, lo llamaron Lucas. Todo se desarrollaba según sus planes hasta que nació el tercer hijo. Fue niña. Su religiosidad decayó, el Nuevo Testamento dejó de ser el libro de cama y a la niña la llamaron Susana. A partir de ese día decidieron no tener más hijos.

-¿Qué pasó con la americana? -preguntó-. ¿Cómo se llamaba?
-Allison -respondí.
-¿Qué sucedió? Te veía tan...
-Encoñado, eso quieres decir.
-Exacto -afirmó-. No me digas que te cansaste de hacer el amor con ella, si uno puede terminar por cansarse de hacer eso.
Pensé que con esta afirmación se estaba contradiciendo, que no guardaba relación con lo que anteriormente había expuesto. En cierta forma se estaba rindiendo ante la evidencia de que era mejor un buen cuerpo que una cara inteligente y bonita.
-Me cansé -aclaré sin entrar en controversia con él-. Considero al amor como un sentimiento muy profundo, y al sexo como algo de lo que se puede llegar a prescindir si es necesario. Además, alguien dijo una vez que el sexo sólo era una cuestión de centímetros-. Fue uno de mis pocos momentos de lucidez en mucho tiempo, incluso proseguí-. ¿Sabes la sensación de vergüenza que produce pensar que estás dando placer a una persona y ésta empieza a susurrarte al oído el nombre de otro?
Woody, gritaron en mi cabeza y continuó, como si se tratara de un eco, durante un buen rato.
Se empezó a reír a carcajadas.


|