25 abril 2009
Debate sobre la necesidad de una televisión pública
Propuso ya hace un tiempo Gonzalo Martín un debate sobre el sentido de la televisión pública en estos tiempos de Internet que vivimos. Mi postura es clara, a día de hoy, un no rotundo a la televisión pública. Tal y como está pensado el modelo de televisión pública en España, en clara competencia con el resto de televisiones en abierto en cuanto a programación no le veo sentido. La televisión pública debe primar la calidad por la cantidad, y más cuando vive en su mayor parte de las subvenciones. Si hace su trabajo a conciencia, mucho de los programas que prepare tendría su posible venta en el exterior, pero así no.
La virtud de los modelos de la BBC radica en que proponen un tipo de televisión que mima al espectador, y en cierta forma se debe al canon que pagan para financiar a este canal, y si no gusta tendrán quejas. Se emiten programas de interés público que no tendría cabida en otras televisiones, que no se deben más que a sus cuentas, pero que hacen lo que quieren porque son privadas en abierto. Ellas no se deben a la calidad del producto sino al nivel de audiencia. Con el paso de los años, uno ha comprobado que los mejores programas (y aquí no entra la variable audiencia), se han podido ver en los canales de pago, con los programas que uno esperaría ver en la televisión pública (documentales, cine clásico, programas culturales, de economía, reportajes, viajes, buenas series…), y en el caso de que hubiese algo que no gustase, al pagar el cliente estaba en su derecho a quejarse, hasta el punto de que si no le satisfacía renunciaba a seguir con el canal. De ahí el interés de mimar a sus clientes / audiencia.
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17 abril 2009
El éxito de las series está en verlas como megapelículas
Hoy en la entrevista de Carlos Boyero en El País, dejaba una de sus perlas a una pregunta acerca las producciones de la HBO:
(...) HBO me parece la creadora del mejor cine que se está haciendo, aunque el formato sea la televisión.
Confirmando lo que comenta Boyero, que cine como el de toda la vida, el bueno, sólo se hace en la actualidad en la HBO, recupero una entrada de ¡Vaya Tele!, en la que comentaba que en realidad las series de la HBO son películas de larga duración.
Todo arranca de Los Soprano y de cómo pensaron sus creadores que debería ser la serie. La novedad residía en que no estábamos con una historia unitaria por capítulo, ni en una mini serie dentro de la serie, sino que la misma debía entenderse como una película de varios días de duración. Así, cuando hablamos de Los Soprano, The Wire, Mad Men, El ala oeste de la casa blanca o A dos metros bajo tierra, lo hacemos relacionándolo con unas películas con una duración de 81 horas y 46 minutos para Los Soprano, 60 horas y 45 minutos para The Wire, 18 horas y 6 minutos para Mad Men, 111 horas y 56 minutos para El ala oeste y 57 horas y 45 minutos para A dos metros bajo tierra.
Visto así, es entendible el éxito que tienen la descarga de sus capítulos y la venta de las temporadas completas de las series. Seguir su hilo argumental semanal cuesta porque la trama engancha de tal forma que el cuerpo pide más, lo que motiva que en muchos casos las sesiones de visionado de las mismas se calculen por horas y varios capítulos de golpe. De ahí la preferencia de sus seguidores y que salvo en raras excepciones, la realización de estas series no tiene sentido fuera de lo que son el círculo de las televisiones de pago. Las películas no tiene el mismo tirón.
Por esa razón, a la hora del planteamiento de las series, incluidas las nacionales, la idea de convertirla en una megapelícula, con muchos hilos argumentales es un paso adelante. Aquí pienso en Desaparecida y su éxito. La serie, los productores la pensaron como una película difícil de estrenar en el cine, pero tenían claro que debía ser una megapelícula. Ahí la apuesta. Ojo que no se trata de seguir los pasos de un culebrón, como sería Sin tetas no hay paraíso, cuenta la calidad también. Aunque megapelícula debería ser un término a tener en cuenta. Y pese a quien le pese, es cine por televisión.
Vía | Kottke
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14 marzo 2009
Heigl y los actores que deciden dar el salto al cine
Mucho se estuvo hablando el pasado año sobre el posible abandono de Katherine Heigl de la serie Anatomía de Grey. El run run fue apareciendo desde los medios hasta los propios foros dedicados a la serie, y todo por el interés de la actriz en subirse al carro del cine, y que este tren al que ahora tiene oportunidad de agarrarse no se le pase. Al final, ha habido desmentido y Katherine Heigl seguirá dos temporadas más en la serie, que es lo que tiene firmado tras el aumento de sueldo que logró en la última revisión de contrato, y que a punto estuvo de dejarla fuera de la serie.
Una primera pregunta tiene que ver con el cansancio del actor con el papel que interpreta. El ritmo de grabación es intenso durante 6 meses, y supone estar esclavo de un personaje durante ese tiempo, lo que implica que llegados unos años todo actor se plantee qué hacer, y más cuando el éxito conlleva la llamada de Hollywood y el dorado que te venden con esto. Y esa es la pregunta que me planteó: ¿qué debe hacer un actor cuando su papel en una serie es importante y el cine llama a sus puertas? ¿Qué casos de éxito ha habido en el salto de un medio a otro? Si nos remontamos a papeles principales o protagonistas en una serie coral, el primer nombre que viene a la mente es el de George Clooney.
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06 diciembre 2008
The Wire, la serie, en suma, Dios en televisión
- Del porqué del tardío estreno 'The Wire' (Bajo la escucha): Todos conocemos el maltrato que los canales dan a determinadas series de televisión, al amparo de los programadores y esclavos del share, aunque nos quejemos de vicio, porque muchas de las grandes series americanas no se llegan a estrenar en abierto, como mucho nos queda el DVD, y más si son de la HBO (muchos pensamos que esta etiqueta unida a cualquier programa es sinónimo de buena serie). Por este motivo, para mí es algo difícil de entender que una serie como The Wire (Bajo Escucha) no haya sido ni considerada por los canales públicos para probar su valía, ni tan siquiera para ser programada como contenido válido para la TDT, pero claro, es una serie tan buena y cojonuda, en palabras de gente de la televisión, que es imposible que funcione con un share digno en este país. Para qué arriesgar, ¿no?
- The Wire, otra forma de ver la última temporada: Es lo que tienen las cosas buenas (y lo curioso de estas entradas en las que empezamos prácticamente desde el último capítulo), que siempre hay un final, donde intervienen muchos factores para esta decisión, y todo porque alguien entiende que la historia no da más de sí y es mejor darla por concluida.
Como otra vez repetí, a la hora de comprar series de televisión, o valorar qué programas son válidos para colocar en sus parrillas, los encargados de contratar, más bien invertir en esas series, van con dos chips en la cabeza, el primero relacionado con la esclavitud del episodio piloto, el segundo relacionado con el poder y la esclavitud a la que llevan los poseedores de los medidores del share. Pero volviendo a The Wire, lo cierto es que ha costado que la estrenen, la brillante idea la ha tenido el canal temático TNT, que la ha empezado a emitir desde la primera temporada, y que de cara al estreno de la segunda temporada, emitirá desde el 3 de marzo, dentro del espacio TNT Deluxe, y para aquellos que aún no la han descubierto, un maratón de lunes a jueves de la primera temporada a las 00:00 h. (lo cual es de agradecer).
Dicho esto, el único motivo por el que esta serie se estrena tan tarde, es simplemente por lo buena que es... (continuación en ¡Vaya Tele!).
Desde el principio se sabía que la quinta temporada de The Wire (Bajo escucha) sería la última, que todo se iría calentando hasta el Series Finale de 93 minutos, con que nos obsequió este pasado domingo 9 su creador David Simmons. Y eso es algo que está ahí, que unos pocos (los menos en España, puesto que las televisiones nos tienen aún por la segunda temporada), han podido disfrutar por completo.
En esta entrada no vamos a tratar ese especial capítulo final, sino que nos vamos a fijar en el especial que en Freakonomics han ido realizando según se iban emitiendo los capítulos de esta temporada final. Resulta que en dicho blog, Sudhir Venkatesh, sociólogo de Columbia, y autor del libro ‘Gang Leader for a Day’, se estuvo reuniendo con líderes de bandas como las que representa la serie... (continuación en ¡Vaya Tele!).
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22 noviembre 2008
El hormiguero e invitados, la promoción no entra en la ecuación
La televisión tiene que jugar con la promoción que cualquier artista quiera realizar de su obra. Unos y otros se necesitan, más el artista que el programa de televisión, y esto encierra una incongruencia. La cuestión es el panorama que se encuentra el responsable de comunicación de un artista para llevar a éste a un programa de entrevistas en el que dar a conocer su película, serie, disco o libro. Si mira la parrilla televisiva se encuentra que no tiene que darle muchas vueltas a la cabeza para decidir dónde ir, y si es extranjero, piensa con razón, que lo mejor es convocar a la prensa, realizar una rueda, un evento con público y ellos ya se encargarán de difundir el mensaje. Claro que la televisión sigue teniendo su tirón, o eso se piensa.
Volvamos a ese responsable de comunicación que decide tener en cuenta a la pequeña pantalla para la promoción. Si nos fijamos en los programas de entrevistas, las opciones se reducen a dos: El hormiguero y Buenafuente. Y pienso que en ambos casos es más por la difusión que alcanzan por Internet – YouTube, que por la gente que se pega al televisor a verlos. De Buenafuente, a su manera, puedes obtener una cierta repercusión, porque hablarán de la película o el disco, sacarán algún corte de la película o cantarán una cancion en directo en el plató. Es decir, entran al programa, pero no son decorado. Ahí depende la gracia de Buenafuente hacia donde quiera llevar la entrevista... (continuación en ¡Vaya Tele!)
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17 noviembre 2008
De Paul Auster al contenido interesante marginado por la audiencia
El share que dan los datos de Sofres lo domina todo. Así está pensado el modelo de negocio de la televisión en España. Unos números dictan que se ve y que no se ve, a las horas en las que la gente seguramente va a estar delante de la televisión… y cuando no lo está. Como lo que se destila en televisión es el contenido morboso y el cotilleo de patio de escalera, no es extraño ver y escuchar en el programa de Ana Rosa frases como las que destaca Javier Pérez de Albéniz en su columna en soitu.
“En las imágenes se ven las pistolas, como apuntan en la cabeza al director del banco y todo tipo de agresiones. Se ve todo”, dice el necrófago oficial del programa de AR. “Y son imágenes reales, no es una película”, asegura Ana Rosa.La legión de colaboradores que se mueven para buscar ese contenido social que se supone gusta al espectador, eso dice el share, pero todo el mundo reniega de lo que allí se cuenta (mi amigo de televisión dice que cuando más se ve a Ana Rosa es justo antes de que salga Arguiñano, que éste es el verdadero líder de las mañanas…). Seguramente esta entrada tendría más éxito si en vez de Paul Auster colgase una fotografía de Ana Rosa, o apareciese su nombre en el título de la entrada... (continuación en ¡Vaya Tele!).
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13 noviembre 2008
Las falsas impresiones de los episodios pilotos
(...) Por eso me extraña la entrada de Espoiler sobre sus expectativas para el 2008 (aunque reconozco que acierta más que falla en sus recomendaciones), valorando algunas series de las que ya ha visto varios episodios con aquellas en la que sólo ha visto el episodio piloto. Pensado fríamente, no es sostenible, porque al menos las que suspende necesitaría llegar a darles al menos tres capítulos para sacar conclusiones, como ha hecho con las que sí le han gustado. O en caso, contrario, valorar sólo el primer episodio de cada una de las series, para estar en igualdad de condiciones. Y en ese círculo, volveríamos al origen de esta entrada.Todo necesita un tiempo de reposo, y más con las series, como el cine, lo bueno acaba sobreviviendo. También, estas palabras sirven como recordatorio para indicar que escribiré, en este diario que toca tantos temas, sobre televisión. Principalmente para no perder la forma.
El título de la entrada a la que me refiero, La esclavitud del episodio piloto, y el texto con más de un año de vida decía lo siguiente:
Hablaba con un amigo que trabaja en la televisión, sobre cómo hacían ellos para comprar las series extranjeras que luego programaban, y por qué, si habían apostado por ellas comprando la emisión de las primeras temporadas, luego maltrataban de manera tan cruel su emisión en su canal.
La conclusión que saqué al escuchar su respuesta, es que viven bajo la esclavitud del episodio piloto, que es la misma que tienen las productores que intentan vender sus proyectos de series a las cadenas americanas que pueden llegar a emitirlas. Es decir, todos viajan a Las Vegas o Los Angeles, al mercado televisivo que allí se monta, y van viendo uno a uno todos los episodios pilotos de las series que pueden llegar a ser de interés al público español. Y mi pregunta va en el siguiente sentido: ¿cómo saben ellos, con sólo ver el episodio piloto, cuál va a ser la calidad de la serie, y la respuesta que su público objetivo va a tener sobre la misma?... (continuación en ¡Vaya Tele!).
Etiquetas: episodio piloto, series, televisión, True Blood, Vaya Tele
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